¿Una lucha común? Personas mayores y personas con diversidad funcional

Muchas veces habremos oído que la vida es un continuo. Pero abundan también los ejemplos que nos muestran que sobre este continuo establecemos saltos y discontinuidades significativas. Un ejemplo es la poca interrelación que tradicionalmente ha habido entre las agendas políticas de personas mayores y personas con diversidad funcional. Como mostraré brevemente, a pesar de que entre ambos grupos hay considerables solapamientos (en materia de vida independiente, de accesibilidad, de innovación tecnológica o apoyos a la vivienda) hay también obstáculos importantes que entorpecen, o incluso impiden, una productiva articulación entre sus respectivas agendas políticas. Repasaré primero algunas de estas barreras para aventurarme, después, a argumentar porqué considero importante superar las divisiones y buscar una mayor conexión entre estas agendas comunes (que incluyen no sólo a estos grupos).

Una primera razón del distanciamiento de ambos grupos debe buscarse en la tendencia de los movimientos de personas con diversidad funcional a ignorar a las personas mayores. Entiéndase bien el argumento. Como señala Mark  Priestley (2002), a pesar de que la mayoría de las personas con diversidad funcional tienen edades avanzadas, la política de la diversidad funcional -hablo de tendencias internacionales- se ha focalizado principalmente en las personas jóvenes, sub-representando así las necesidades e intereses de las personas mayores dentro de este movimiento (ver por ejemplo, Jönhson & Larson, 2009). Así a la hora de afrontar luchas importantes (y potencialmente comunes), como pueden ser la vivienda accesible, el transporte, o el apoyo social, el movimiento por la diversidad funcional ha tendido a definir las personas mayores con diversidad funcional más como personas mayores que como personas con diversidad funcional.

“Así, sin percatarse, los teóricos radicales y los activistas han dado legitimidad a la tradicional preferencia por parte de los políticos de trazar una línea entre las personas mayores y los jóvenes con diversidad funcional, sobre la base de que la diversidad funcional en las personas mayores es una parte “natural” del proceso de envejecimiento” (Walker & Walker, 1998, p. 126).

También ha influido en este largo olvido la escasa politización de las personas mayores (sobretodo en comparación con otros grupos sociales). Buena parte de la explicación de este fenómeno, debe buscarse en la propia noción de personas mayores. Por un lado, se trata de una categoría algo incómoda, pues no sólo es externa al propio colectivo, es decir viene definida por otros, sino que además tiene fuertes connotaciones negativas y estigmatizantes (no es de extrañar que algunos movimientos eludan la propia noción de personas mayores, buscando amparo en nociones como las de senior o la de panteras grises). Por otro lado, las noción sugiere un alto grado de homogeneidad entre las personas que integran este grupo. De este modo, soslaya importantes diferencias que se dan entre las personas mayores (por razón de edad, nivel socioecónomico, género, etnicidad, sexualidad, estado de salud, etc.). Estas diferencias no sólo importan biográficamente, son también cruciales a la hora de articular una identidad colectiva que permita organizar una determinada acción colectiva. Pero sobretodo, la razón de su distanciamiento con la agenda de la diversidad funcional debe buscarse en la insistencia del activismo de las personas mayores en argumentos contra-etaristas (anti-ageist), muy presentes por ejemplo en discursos sobre el envejecimiento activo. Dichos argumentos han tendido a reforzar visiones funcionalistas (capacitistas) que nos han mostrado a las personas mayores como personas llenas de capacidades, como personas tan activas, vitales y saludables como muchos de sus conciudadanos más jóvenes. Esto ha generado que los cuerpos menos activos y funcionales, por ejemplo de las personas con diversidad funcional, hayan sido frecuentemente olvidados.

En resumen, parte de la explicación de porqué estos grupos no se han relacionado a lo largo del siglo XX tiene que ver con que ambos grupos han acuñado imágenes diferenciadas, incluso antagónicas, reforzando  estereotipos mutuamente excluyentes.

Sin embargo, se vislumbran cambios en esta dinámica.  Aunque débiles, el solapamiento de intereses y agendas entre grupos ha empezado a ser materia de exploración, tanto teórica como política. Un buen ejemplo de esto, lo encontramos en la estrategia de grupos como el Foro de Vida Independiente y Divertad, quiénes a través de nociones como las de diversidad funcional intentan romper las lógicas dicotómicas y binarias (por ejemplo entre capacidad/discapacidad) que a menudo imposibilitan acciones e identidades colectivas mucho más transversales. En esta misma línea, recientemente, la Oficina de Vida Independiente de Barcelona, con el apoyo de SOLCOM, ha conseguido ganar una batalla judicial contra la orden que regula la asistencia personal en Catalunya por considerarla discriminatoria por razones de edad y diversidad funcional (Para más información).

También académicamente se ha explorado esta emergente interconnexión a través de unos interesantes seminarios organizados por la Universidad de Lancaster. En estos seminarios se aducen dos grandes razones para dar cuenta de este cambio: por un lado, responde a una tendencia demográfica. La comunidad de personas con diversidad funcional fácilmente superará la edad a partir de la cual somos considerados personas mayores. A eso hay que sumarle que una gran proporción de los adultos sanos tendrá algún tipo de enfermedad crónica o situación de dependencia a medida que envejezca. Ambas tendencias harán añicos algunos de los estereotipos que actualmente contribuyen a separar ambas luchas. Pero también hay razones de carácter socio-económico. Debido a la crisis económica y sus consecuencias para la continuidad del Estado del Bienestar, por ejemplo, están emergiendo nuevas articulaciones entre ambos grupos. Dos buenos ejemplos de esta dinámmica son los movimientos anti-recortes que han aparecido desde 2010 en el Reino Unido o  las campañas en torno al 15M, que se están articulando en torno al cambio del modelo de servicios públicos en España. En ambos casos estamos ante luchas que  aúnan una interesante lucha social -defender el futuro del Estado del Bienestar-, con una igualmente significativa preocupación por articular luchas más transversales e intergeneracionales.

30 September 2013 by Pau Barrena

30 September 2013 by Pau Barrena (DEMOTIX)

En suma, aunque débiles, hay síntomas de cambio que apuntan a una mayor y más profunda articulación de agendas y colectivos que pese a compartir intereses y luchas se han encontrado tradicionalmente alejados.

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One response to “¿Una lucha común? Personas mayores y personas con diversidad funcional

  1. los puntos de coincidente discriminación son ciertos, y mucho mas cierto es la gran diferencia que existe, que da razón a la separación de abordaje, la niñez, adolescencia y juventud están comenzando la vida y su desarrollo, precisan por ej de acceso a la educación para conseguir luego mejores empleos, en tanto las personas adultas mayores, ya hicieron su vida escolar y laboral, etc…

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