En torno al diseño colaborativo

Reflexión 1

– Fuente de la imagen: “En torno a la silla” (enero 2013)

El pasado mes de octubre de 2012 comencé con mi proyecto postdoctoral “Estudio de experiencias participativas en el diseño de tecnologías de cuidado y vida independiente (ExPart)” financiado por la Alianza 4 Universidades en el Departament de Psicologia Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Este proyecto nació como una derivación personal y una concreción del proyecto EXPDEM, centrándome particularmente en los significados de la participación en el diseño de servicios y productos para la vida independiente, ámbitos que se me habían planteado como extremadamente relevantes en el proceso de redacción final de mi tesis doctoral “Las lógicas del telecuidado” (una monografía de mi trabajo etnográfico sobre la irrupción del telecuidado en el cuidado de las personas mayores y las transformaciones que esto implicaba).

Los objetivos de mi proyecto postdoctoral eran:

“[…] en qué medida las experiencias participativas en el diseño de tecnologías del cuidado / vida independiente:

1. Implican un empoderamiento de lxs usuarixs finales (convirtiéndose en innovadorxs de sus propias tecnologías), lo que implicaría una potencial mayor aceptación y uso de diseños que reflejan sus necesidades y decisiones.

2. Permiten diferentes dinámicas de compartir saberes y de generar experticia distintas a las del modelo industrial vigente (por ejemplo, estrategias de horizontalización y co-diseño como se propone en las filosofías del DIY –Do It Yourself-, o el DIWO –Do It With Others-).

3. Articulan otros modelos de cuidado distintos a los vigentes y qué implicaciones tiene esto (por ejemplo, formas de cuidado auto-gestionadas y transformables, basadas en una cultura del prototipo o el diseño de software beta, que buscan generar diseños tecnológicos siempre en construcción y abiertos al cambio, siendo flexibles y controladas por la propia comunidad que las implementa).

4. Pudieran ser generalizables o expandibles más allá de los colectivos concretos que las llevan a cabo, lo que llevaría necesariamente a analizar las consecuencias de la alta implicación de las personas en estrategias de diseño participativo (qué suponen, qué costes y dificultades tiene esta implicación y si pudieran hacerse sostenibles económicamente y en el tiempo, así como sus promesas).”

– Estudio de experiencias participativas en el diseño de tecnologías de cuidado y vida independiente (ExPart) | Octubre 2012-Octubre 2014

Al poco apareció una convocatoria de proyectos y una búsqueda de colaboradores para diferentes proyectos en los talleres Funcionamientos. Diseños abiertos y remezcla social del MediaLab-Prado de Madrid. Interesado como estaba en todas estas dinámicas (que correspondían, precisamente, al tipo de proyectos que tenía interés en documentar e investigar), me puse en contacto con Alma Orozco, la organizadora, y tras entrar en contacto con dos de los proyectos, comencé a colaborar con el que se desarrollaba en Barcelona. Y parte de lo que he vivido desde entonces, me ha cambiado la vida y mi perspectiva sobre muchas cosas, haciendo saltar por los aires las tenues fronteras entre la investigación y la vida, entre la participación etnográfica y la implicación activista…

Es de esto que quisiera hablaros: a raíz de todo aquello llevo desde finales de noviembre de 2012 colaborando etnográficamente y participando activamente en el proyecto “En torno a la silla“, que en un principio se presentaba así:

La convocatoria de Funcionamientos. Diseños abiertos y remezcla social del Medialab-Prado nos ha facilitado concretar una propuesta de entre el infinito universo de posibilidades que ofrece la complejidad de la diversidad funcional. Cuando decimos diversidad funcional, no estamos diciendo “discapacidad” o “minusvalía” de otro modo, estamos diciendo: todos somos diversos funcionales y estamos reivindicando esa condición, contra la idea del cuerpo normalizado, contra el cuerpo excluido por un funcionamiento singular, pero también contra el cuerpo sujeto en la producción y reproducción del sistema, contra el cuerpo expoliado de sus potencias. Entonces es importante para nosotros llevar esta noción a cuestas, dejar que ella interpele, conforme e impregne nuestros territorios: diseñando desde la diversidad, acortando los requerimientos funcionales de nuestros lugares, creando caminos de participación en los procesos de diseño de nuestras bases territoriales: vecinales, barriales, creando entornos capacitantes en el verdadero sentido, estimulantes, alegres, inquietos…

El proyecto propuesto consiste en diseñar y prototipar tres objetos que constituyan un kit y que acoplados a la silla habiliten otras posibilidades al usuario: una rampa portátil, una mesita abatible y un reposabrazos-maleta. Por lo mismo, la idea es poder diseñar también una plantilla básica de los objetos y un esquema de montaje que faciliten su construcción y su adaptación a las posibilidades técnicas de las que se disponga.

Pero más bien a partir de ahí la cosa ha venido prolongándose más allá de aquella propuesta inicial a la que me sumé, sin poder colaborar con más que con mis conocimientos a nivel de usuario de las redes sociales y, principalmente de los blogs, así como poniendo al servicio del proyecto mi obsesión etnográfica y documentadora/registradora cuasi-detectivesca (ensayando para la ocasión el uso intensivo del móvil para apuntar, grabar y fotografiar lo que ahí pasaba “a tiempo real“). Tras la primera sesión de talleres y con la intención de pensar sobre todo un proceso bastante experimental en el que estábamos entrando todxs los ahí implicadxs, en enero de 2013 abrimos el blog y en él hemos ido buscando documentar la experiencia así como reflexionar sobre el proceso en el que nos estamos metiendo, sus objetivos y sus intereses…

No siento que pueda decir nada mejor que el resto de mis compañerxs de proyecto sobre lo que ahí ha venido pasando. Ni tengo ninguna intención de “hablar por” el proyecto (lo que requeriría quizá una toma de postura como colectivo), pero sí puedo decir que a lo largo de estos últimos meses el proceso en el que he entrado personalmente me ha ido atravesando de cabo a rabo, trastocando profundamente lo que iba a hacer en un origen y adentrándome en un proceso mucho más rico a muchos más niveles (personal y colectivamente).

A lo largo de este tiempo he venido participando como documentador del proyecto, ayudando a mantener el blog y desde la primavera co-realizando un webdoc o documental interactivo con el objetivo de buscar estrategias de representación audiovisual para explicar, contar, articular las relaciones (a veces enormemente complicadas de plantear y narrar a otras personas) entre los objetivos/ámbitos/áreas que se relacionan en la práctica del proyecto (y de la de otros afines salidos de la propia estación Funcionamientos del Medialab-Prado o de los encuentros de Bajo Coste). Ámbitos que, al margen de la unión puntual en estos proyectos, constituyen verdaderas comunidades de práctica diferentes, con nichos discursivos y conjuntos de prácticas que para las personas implicadas o practicantes de las otras se hacen verdaderamente opacas, por no decir indescifrables: “diseño libre”, “diseño de bajo coste de productos de apoyo”, “ayudas técnicas”, “diversidad funcional”, “accesibilidad”, “vida independiente”…

En estos meses he ido manteniendo también un diario personal para dar yo también vueltas “en torno a la silla”, pensando sobre todo en algunas de las dinámicas generales que se me han hecho relevantes para reflexionar acerca de ese y otros proyectos con los que nos hemos ido cruzando o hemos ido experimentando y conociendo.

He publicado al respecto dos entradas en mi blog personal, de las que os hago un resumen por si os interesaran, en las que trato de dos de los grandes temas a los que estoy prestando atención en mis reflexiones etnográficas (junto a la importancia de actualizar la investigación etnográfica a partir del empleo de situaciones experimentales “en abierto“, por medio de las que producir prácticas articulatorias colaborativas –para pensar “qué nos pasa”, “qué está ocurriendo”, “quiénes somos”, etc.–, análogas a los dispositivos para-etnográficos, propuestos por Douglas Holmes & George Marcus, a los que dedicaré una entrada en el futuro):

1. “El cacharreo y su mimo“: un post dedicado a introducir una reflexión sobre las prácticas de cuidado material (como parte una reflexión colectiva en curso junto con Blanca Callén y Daniel López). Esto es, tanto sobre la materialidad del cuidado como sobre las prácticas de cuidado de la materialidad implicadas en dotar de continuidad, echar a andar y mantener vivos este tipo de proyectos. Por ello he venido prestando especial atención a los modos en que en ellos se tematiza la fragilidad y vulnerabilidad económica, legal, laboral-financiera, personal y colectiva, etc. (por el formato en que se promueve practicar o inventar otros formatos comunitarios de articular subjetividades y relaciones económicas, como los implicados en el empleo de licencias libres para su circulación y distribución). Como forma de distinguir estas reflexiones de las de la sociología del cuidado o de la ética feminista del cuidado, a pesar de inspirarse mucho en ellas, he venido empleando el concepto de “mimo” para pensar en ese cuidado material y su necesidad para apuntalar y dar soporte a los proyectos de diseño colaborativo desde la diversidad funcional.

2. “Figuraciones de la colaboración, accesibilidad y el diseño del cualquiera“: otro post dedicado a poner el foco en las prácticas colaborativas que implican estos proyectos de diseño “desde la diversidad funcional” y su comparación con otros formatos vagamente participativos de otras tecnologías y servicios “para mayores” o “para personas con discapacidad”. Estas reflexiones me han llevado a advertir la radicalidad democrática latente en los modos de plantear la accesibilidad de los primeros frente a los segundos (implicando por este término algo que va mucho más allá de la mera tipificación de ambientes arquitectónicos a partir de catálogos de medidas antropométricas). O, dicho de otro modo, advirtiendo que este tipo de proyectos pudieran estar planteando el reto de pensar la autogestión del cuidado a través de un “diseño de, por y para el cualquiera”:

El diseño de un cualquiera que quiere ser más que un consumidor o un pagador para ser libre, que se junta con otros cualquiera más o menos ignorantes a pensar/hacer y que para hacerlo necesita algunas condiciones: colocar a los expertos y profesionales en un plano de paridad y ponerse a cacharrear y a aprender a hacer de un modo más acorde a cómo quiere vivir su vida (convocando a otros cualquiera a que le ayuden a mejorar lo que hace a través de la documentación y difusión de su proceso, intentando, por tanto, “hacer la accesibilidad accesible”); pero también el diseño hecho por ese cualquiera que necesita las cosas de una manera determinada y no le vale exactamente de otra, que quiere poder decidir sobre ellas y que a veces no tiene más remedio que cacharrear para poder seguir adelante, siendo todo el proceso frágil y requiriendo de un tipo particular de mimo para poder seguir haciendo (cuando las condiciones institucionales y económicas que nos fragilizan no parecen hacer más que dilatarse y extenderse, requiriendo de nosotros que pensemos en otros formatos comunitarios de mercados y relaciones económicas); el diseño, en fin, para que ese cualquiera pueda intervenir en tener una vida personal y colectiva más digna y vivible…”

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